lunes, 4 de mayo de 2009


Aún puedo mandar una plegaria al aire, o al mar... desear entonces que lo reciva alguna orilla con los brazos y varios huesos abiertos. Tal vez un piedra lea la nota, es suficiente. Tal vez el cielo se apiade un poco sobre el golpe numero 182, y no me propine el 183. Aún se puede escribir sobre el amor, el horror, y la ausencia. Aún se puede, sí, se puede. Desparramar la sangre, o lo que sea que se sangre, por las paredes, hasta dotar a la vida de un intenso carmesí, y hacerla tuya. O no. O transformarla en un pájaro de fuego muy alto y de alas anchas. Uno que vuele, no se adónde. A un lugar mágico. Uno que tenga con el, una nota hermosa, en una botella, que pueda llegar en medio de la desesperación. Una esperanza. Mágica, que persiste, igual que la vida.
Siempre es posible.
Yo, por ejemplo, aún guardo las esperanzas de llegar a tener una esperanza.
La nota llegará.


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