domingo, 17 de mayo de 2009

Luego de esa tarde







Cuando llegué a mi casa, en realidad desde que salí del taller, me invadió un estado extraño. Una sensación especial, en la que me encantó y disfruté estar. Como si todos los sucesos de mi corta vida se vieran bien ordenados, bien contemplados, como si extrañara antiguas épocas de dolor y duda, como quien necesita esa daga en esa herida, como quien extraña pensar en las dimensiones enormes y sombrias de un boliche bailable, donde laten corazones; calles transitadas, el escandalo de los besos, los olores, los mensajes, los fríos, las lecturas, las películas que uno vio en esa época. Ser pasivo, que un universo de cosas te invadan, la naturaleza nos mueve. Fue maravilloso experimentarlo.


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